La última copa


LA ÚLTIMA COPA

El álgido viento de junio obliga a esconder las manos temblorosas en los bolsillos. Una joven madre camina junto a su niño. Preocupada, le insiste en que acomode su bufanda y su gorro, pero el niño no obedece. Su globo verde de Ben 10 capta toda su atención; no cesa de jugar con él.

Avenida 18 de julio. Sábado. Cinco minutos para la una de la tarde. Las cortinas metálicas de los locales comerciales comienzan a descender. Una bella estatua viviente hermosea el paisaje con su cano atuendo. El ritmo es diferente al usual, ahora rige la calma. Los transeúntes disminuyen y no se percibe la prisa en las veredas del Cordón.


Avenida 18 de Julio  |  Foto: Cynara García

Marito está en su puesto callejero como es habitual. Tranquilo. Con mirada serena. Acomoda las bufandas y gorros de Uruguay ubicados sobre la mesa para mejorar su exposición. También los libros de fútbol que están en la caja delante de la mesa. “El más grande. 121 años de gloria” de Marcos Silvera Antúnez; viejas hazañas de Peñarol y testimonios de gigantes.

Él afirma que la bandera que más se llevan los compradores es la de Peñarol, aunque la de Jamaica las supera a todas; aún no sabe si es por el país en sí o por la marihuana. “Me entretiene vender, pero me gustaría trabajar en lo mío”, afirma. Él es constructor de oficio, pero los desmanes de la vida lo condujeron por otros caminos.

Marito fue alcohólico. Durante mucho tiempo se dedicó a la bebida. Recuerda que comenzó a beber con catorce años y que en varias ocasiones atravesó momentos críticos de salud. Actualmente tiene solo cincuenta y tres años pero su aspecto induce a creer que tiene casi setenta. “Yo podría estar muy bien, pero no tomé buenas decisiones”. Tuvo un buen trabajo, esposa, hija pero el alcohol complicó las cosas. Explica que uno cree tener la situación bajo control, pero eso es solo una mentira.

Tres japoneses se acercan a la mesa. Observan los objetos y comentan entre ellos. Los encendedores gigantes de cincuenta pesos llaman su atención. Toman uno y le preguntan algo que no se logra comprender, no hablan español. El más bajo toma su teléfono celular e ingresa al traductor de Google. “¿Cuanto cuesta?” y en un entreverado inglés, Marito les responde. Finalmente, se llevan dos.

A mi siempre me gustó la bebida, y nunca me preocupé por las consecuencias”, dice mientras arma un tabaco. “Uno siempre tiene amigos para esos momentos, ¿sabés? Me pasó de estar trabajando en el puesto y que vengan los muchachos a invitarme a tomar una en el bar. Terminas tomando no se cuantas botellas y con tremenda borrachera a pleno día. ¿Y quien te va a decir algo? Si estas rodeado de alcohólicos. Eso no es malo, es normal”. Enciende el armado. Él no está apenado, la sonrisa nunca se desvanece de su rostro. Sólo piensa, recuerda.

Una señora se acerca a la mesa y observa. Levanta la vista y pregunta por las figuritas de la Copa América. Dice que son para el nieto, está completando su primer álbum. Marito le informa que el muchacho de las figuritas se fue a la feria que está a unas cuadras. Supone que no tardará en volver.

Él confiesa que muchos de los que conoció en ese ambiente fallecieron por causa del vicio. Eso le dio un fuerte sacudón. No existe algo más estremecedor y despabilante que la muerte de una persona cercana. Él se cuestionó mucho a raíz de eso. Intentó abandonar la bebida pero según dedujo finalmente, era el alcohol quien no deseaba dejarlo a él. Se encoge de hombros, como si el frío de la tarde lo abrazara lentamente por la espalda.

Yo llegaba a mi casa, y me tomaba los litros de vino. Por lo que menos me preocupaba era por la comida, si ni hambre tenía. Y ahí quedaba, tirado en el sillón hasta el otro día. Que rutina, ¿no? Un día, luego de unas complicaciones de salud, un amigo me invitó a ir con él al grupo de Alcohólicos Anónimos. Al principio me reí. ¿Que iba a hacer yo ahí? Si no podía dejarlo. Pero mi amigo me insistió y al cierre del puesto, fuimos.”

Mientras frota sus manos y las ayuda a entrar en calor con su aliento, continúa su relato. Escuchar las historias de los hombres y mujeres que formaban parte de ese grupo generó sorpresa en él. Maridos que incurrieron en violencia doméstica, esposas depresivas. Personas que han tocado fondo pero con el enorme deseo de salir adelante. Lo primero es reconocer que se tiene un problema.

Todos los días es una lucha. Uno debe darle pelea a la tentación en todo momento. Por ejemplo, en unos días tengo el cumpleaños de un amigo y ya me dijeron que no podía faltar. Pero ponete en mi lugar: cerveza, vino, alguna grappa y yo ahí. Estoy pensando en inventar algo para no ir, porque no se como me voy a sentir. No se si estoy preparado para enfrentarme a eso todavía”. Cuando una persona está en rehabilitación, sufre.

En Uruguay se consume, anualmente, un promedio de 12,9 litros de alcohol per cápita entre hombres y mujeres. Es el octavo país en América Latina en consumo de alcohol, según un informe divulgado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2014. Éste informe explicita además, que el 7,9% de los hombres tienen desórdenes con el alcohol y el 3,8% es alcohólico, mientras que en las mujeres se da en 2,9% y 1,7%.

El alcohol es un problema que afecta a unas 260 mil personas”, indicó el diputado frenteamplista Luis Gallo, integrante de la Comisión Multisectorial -creada y encabezada por el Presidente de la República, Tabaré Vázquez- para el combate del consumo abusivo de bebidas alcohólicas.

Algunas de las medidas acordadas por la Comisión, son la extensión del horario de prohibición de venta de alcohol entre las 22.00 y 8.00 h en estaciones de servicio y locales comerciales abiertos veinticuatro horas, y la implementación de “tolerancia cero”: proyecto que modificaría el artículo 45 de la Ley N° 18.191 reduciendo a 0,0 gramos por litro de alcohol en sangre a conductores de cualquier vehículo. Ésta reforma está siendo estudiada actualmente en la Cámara de Senadores del Parlamento.

Desde el gobierno se busca además, promover la prevención del consumo de alcohol desde el sistema educativo en escolares y preescolares. La Comisión se reunió con la Ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz y autoridades de la enseñanza el pasado miércoles 24 para resolver como llevar adelante una “prevención primaria y concientización” sobre los riesgos del alcohol, sin dejar de lado el abordaje de una campaña de sensibilización a la población en general.

Mi hija vive cerca de acá. Ya tiene treinta y dos años, se mudó sola y está terminando sus estudios en la facultad. Se que está bien, y me deja muy contento que haya salido adelante pero después de todo lo que pasó conmigo y su mamá, no hemos vuelto a hablar y tampoco me animé a buscarla por más que yo esté mejor”, revela mientras el sol se hace cada vez menos brillante en la avenida principal. Se aproximan las cuatro de la tarde.

Marito decidió no poner freno a su día. Se levanta temprano y sale a trabajar. Cuando termina su jornada en el puesto, toma sus cosas y va donde su amigo. Allí cocinan y miran un poco de fútbol. Los días de grupo en Alcohólicos Anónimos, asiste fielmente y al llegar a su hogar en la noche, se va a descansar; siempre alrededor de las once. “No me cansa todo esto, todo lo contrario. A mi me gusta así, me gusta andar. Sólo espero que después de cuatro duros meses, no vuelva a recaer y pueda decir que aquella fue la última copa”.

Cynara García

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